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8 de mayo de 2014

MONICA LEWINSKY BUSCA PASAR LA PAGINA 16 AÑOS DESPUES



Por José A. Delgado / jdelgado@elnuevodia.com
WASHINGTON – Mónica Lewinsky reconoce que la nueva posible aspiración a la presidencia de Estados Unidos de Hillary Clinton le ha hecho salir de su encierro y contar lo humillada que se ha sentido por querérsele retratar públicamente como la “reina del sexo oral”.
La decisión de narrar lo que es vivir con el estigma social de haber sido la becaria que tuvo un romance con el entonces presidente Bill Clinton la tomó después de ver como revivía su pesadilla, tras publicarse en febrero documentos sobre conversaciones entre Hillary Clinton y su amiga Linda Blair, quien murió en el año 2000.
En esos archivos, Blair relata como Hillary consideraba a Mónica Lewinsky, una becaria de la Casa Blanca cuando se dio la relación extramarital del entonces presidente de Estados Unidos, como una “narcisista chiflada”.
“Ella pudo haber culpado a su marido de haber actuado impropiamente, pero encontré el impulso en culpar a la mujer, no solo a mi sino a ella misma, problemático”, indicó Lewinsky, en un ensayo que publica la revista Vanity Fair, que hoy salió íntegramente en la versión digital de la publicación y cuya edición impresa circulará a partir del 13 de mayo.
La publicación de los documentos de la amiga de Hillary Clinton volvieron a colocarle en su puerta a varios paparazis.
Para Lewinsky, después del escándalo que llevó a Bill Clinton al borde de la destitución y que consumió el debate político en Estados Unidos por todo un ciclo electoral, ver otra vez en los medios la etapa más dura de su vida, le convenció de que era el momento de contar su experiencia de la última década.
No hablaba cándidamente de lo que ha significado ser Mónica Lewinsky desde un documental de la cadena HBO de 2002 en el que se le preguntó directamente qué sentía en ser la indisputada “reina del sexo oral”.
“La gente parecía indiferente a los asuntos más profundos”, dijo Lewinsky, al lamentar que el debate haya sido mínimo sobre la “inequidad en poder y género” en los medios de comunicación y la política, y “la erosión de la vida privada en los medios públicos”.
Ser caracterizada por Hillary como una “narcisista chiflada”, dijo, contrasta con sus tendencias suicidas de aquellos días y la experiencia “de haber sido acorralada” en un centro comercial de la zona del Pentágono por agentes del FBI enviados por el fiscal especial Kenneth Starr, el 16 de enero de 1998, “desalentando que contactara a su abogado y amenazando con 27 años de cárcel por haber sometido una declaración jurada negando el romance con Clinton, entre otros delitos”.
También relata el tiempo que tuvo que pasar hasta convencerse de que no iba a conseguir un trabajo normal y como en una ocasión una agencia de publicidad le aceptó que su solicitud iba a tener que ser revisada para asegurarse de que no enojaba a los Clinton.
No culpa a Hillary por las indiscreciones que haya escrito su amiga Linda Blair, pues conoce en carne propia como una de las que consideraba su amiga, Linda Tripp, fue la que corrió a contarle al fiscal Starr sus encuentros sexuales con Bill Clinton.
Como se había adelantado en los extractos del artículo, Lewinsky no le atribuye a Clinton haber abusado de ella en la Casa Blanca.
“Desde luego, mi jefe se aprovechó de mí, pero me mantendré siempre firme en este punto: fue una relación consentida. Cualquier abuso vino posteriormente, cuando se me convirtió en un chivo expiatorio para proteger su poderosa posición", indicó.
Lewinsky, quien ahora tiene 40 años, lamenta también lo que considera una falta de solidaridad de los grupos feministas y se plantea si el trato a Clinton hubiese sido igual de haber sido republicano.
También se imagina cuánto más frenesí hubiese generado su caso si ocurriera en estos días en que hay una explosión de información a través de las redes sociales.
Esa es otra razón, sostuvo, para contar sus sufrimientos, pues piensa que Estados Unidos vive una “cultura de humillación” que domina la conversación pública, desde las redes sociales hasta los programas de comedia de la televisión.
Si Hillary Clinton decide aspirar a la presidencia y sale triunfante, sabe que los fantasmas del escándalo pueden volver a pasearse por Washington. “¿Qué debo hacer, poner mi vida en pausa por otros ocho a 10 años?”, cuestionó.
Al utilizar como referencia piezas de su vestimenta con las que se le identificó a raíz del escándalo, incluido el vestido que quedó con semen de Bill Clinton, Lewinsky pidió cerrar ese capítulo.
“Es tiempo de quemar la boina y enterrar el traje azul”, dijo, “y movernos hacia delante”.

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