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7 de noviembre de 2016

El regreso musical del cantante Sammy Marrero



Por Paola Andrea Gómez


"Dios me ha trazado un camino,que tengo que recorrer. Por el cual debo aprendé a manejar mi destino.  Aunque con piedras y espinos, a veces ahogado en llanto lucho en contra del quebranto que me quiere lastimar peor no lo va a lograr, si me caigo me levanto".
Hay que leer los versos con la entonación y el bravío del artista. Hay que leerlos imaginando las pausas, los altos y el histrionismo de aquel hombre de corta estatura y voz inmensa, nacido en la provincia de Coamo, Puerto Rico. Quizás ese don le viene de la niñez, cuando acompañaba a su madre a lavar la ropa al río y entonces el niño inquieto de oído fino se extasiaba con las coplas de la lírica puertorriqueña. 
Esos primeros cantos se quedaron en su memoria y marcaron un estilo que lo hizo único en la salsa. Y esos versos, que hoy recita con tan inspirado acento, parecieran hablar de su destino, de su propia historia: la del cantante que permaneció por 43 años leal a una orquesta y a su director hasta el día de su muerte y al que desde hace unos meses le ha tocado sortear un camino pedregoso para continuar haciendo lo que mejor sabe hacer: cantar.
Samuel Marrero González, más conocido como Sammy Marrero, es quien entona esos versos y a la vez es la voz que hiciera inmortal los himnos de la Orquesta La Selecta, de Raphy Leavitt: Payaso, Cuna Blanca, El Buen Pastor, Como el Moriviví, Siempre Alegre, Soldado, La Villa de Condenados, Jíbaro Soy, Falsedades, Perla Mala, Chiquilla… Sammy es la voz de esos temas de tinte social, filosófico y hasta místico que distinguió a una agrupación admirada por permanecer ausente a los excesos de los artistas de la época. La Selecta era distinta, libre de escándalos, sin ambiciones masivas, lo suyo era intimidad, golpe, sentimiento. Incluso, fue grande sola, doble mérito en unos años fuertemente marcados por el fenómeno Fania al que llegaron casi todos los dioses del Olimpo salsero. 
El 6 de agosto de 2015, cuando Raphy Leavitt murió en Miami, víctima de una bacteria en su prótesis de cadera, el salsero caleño lloró su partida. Su muerte, como pocas de este género, se volvió ‘viral’ en una ciudad que parecía suya. Volvieron los recuerdos de esas noches mágicas, que en plumas de cronistas expertos en el género, como Ossiel Villada, evocaron un Festival de Orquestas en que el estadio entero enloqueció con el canto de 'Payaso' y Raphy y Sammy, entonces, se ‘hicieron caleños’.








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